Hola a todos! Aquí sigo con mi ejercicio de memoria para no olvidar este viaje!
El camino a Guatemala estaba lleno de incertidumbres, no sabíamos cuántos transportes teníamos que agarrar, cuántos visados que pagar y cuántas monedas que cambiar para salir de México, atravesar Belice y llegar Guatemala. Según todos esos gastos nuestra supervivencia sería más o menos cómoda. Decidimos cambiar los pesos a dólares, puesto que luego sería más fácil moverse y en la casa de cambio ofrecían una oferta muy buena, casi sin perder dinero.
El camino a Guatemala estaba lleno de incertidumbres, no sabíamos cuántos transportes teníamos que agarrar, cuántos visados que pagar y cuántas monedas que cambiar para salir de México, atravesar Belice y llegar Guatemala. Según todos esos gastos nuestra supervivencia sería más o menos cómoda. Decidimos cambiar los pesos a dólares, puesto que luego sería más fácil moverse y en la casa de cambio ofrecían una oferta muy buena, casi sin perder dinero.
Así que allí estaba en la estación de Tulum, con todo mojado
y descalzo, esperando al autobús que nos llevara a la frontera, con la
incertidumbre de no saber bien cuándo ni cómo llegar. Pero todo fue más fácil de lo esperado, una
vez llegamos allí, compramos inmediatamente los últimos boletos para el autobús
camioneta que nos iba llevar directamente a la isla de Flores, al norte de
Guatemala. Posiblemente fue la solución más cara, pero ante la ignorancia y la
incertidumbre fue una buena decisión.
De lo poco que vi de Belice desde el autobús, la única
conclusión que saco es que es un país que refleja como ninguno la colonización. Primero la mayoría de la población es negra y son así gracias a los esclavos
que los británicos traían de África para talar parte de la selva para extraer el caoba tan
famoso y señorial que ha adornado las casa nobles y burguesas de los últimos 3
siglos. Otro dato es que en Belice el idioma oficial es el inglés, aunque se hable mucho español y lenguas indígenas. Y lo que más
me impactó es que en sus billetes sale la cara de reina de Inglaterra. Se
independizaron apenas hace 30 años.
Eso sí, los paisajes son completamente llanos y tropicales,
poblado de plataneros y palmeras. Una vez pasamos la frontera a Guatemala nos
cobraron 15 dólares por haber pisado suelo beliceño. En la entrada a Guatemala
también nos quisieron cobrar, esta vez de forma corrupta, pero utilizamos
nuestras mejores armas para no pagar. El cambió de moneda no fue del todo bueno, pero fue lo mejor que encontramos. Otro día explicaré mejor esto del negocio
de las fronteras.
Pero bien, en apenas 10 horas ya estábamos en nuestro
destino con toda nuestra casa a cuestas, como los caracolitos. Guatemala es un
país centroamericano, no es como México y se nota, es puramente rural y la
mayoría de la gente tiene sus pueblitos o aldeas en mitad de la selva. Y es que
es todo selva, es el segundo pulmón del planeta, solo por detrás del Amazonas.
Nosotros fuimos a parar a la isla de Flores, situada en
medio del lago Petén Itzá, un lago grandísimo, no sé si igual que el lago Ness,
pero al menos con el agua bien tibia para nadar un ratito jeje. Aunque también
hay leyendas de sus monstruos particulares: los cocodrilos.
Nada más llegar nos dimos cuenta de lo que nos había
advertido Rodrigo, que nunca aceptásemos el primer precio porque estarían
cobrándonos el doble de lo que cuesta. Así que para absolutamente todo tuvimos
que negociar. Y no sé si será porque no
estamos acostumbrados en Europa, pero me dio la sensación de que nos estaban discriminando
por el color de nuestra piel. Todo extranjero tiene más dinero que ellos y tratan
de sacar provecho de la situación. Y no diferencian. Muchas veces es
desesperante, aunque la mayoría de las veces conseguimos buenas rebajas. La
lección que aprendimos: nunca preguntes cuánto cuesta y nunca pagues con un
billete superior a lo que vale.
De todos modos, fuimos a parar a un hotelito y conseguimos
sacar un buen precio, a unos 4 euros por persona la noche. Y como buenos
gitanos, la habitación se convirtió en nuestra despensa, cocina, baño,
lavandería y dormitorio.

Allí estuvimos unos cuatro días y me dio tiempo a conocer a
varios personajes de la isla, unos okupas que vivían en un barco, unos músicos
de El Salvador que iban girando y también a los chavales del pueblo que, como
ya es tradición allá donde voy, los vi jugando a fútbol y quise tantear como
está el fútbol guatemalteco de nivel y
ellos nada mal, pero yo estoy acabado. Fui el único que jugó cual
brasileño de las favelas descalzo (olvidé las zapatillas en el hostal) y acabé
con los pies molidos.
También hicimos una escapada de dos días a las ruinas de
Tikal, una de las primeras grandes ciudades mayas. El perímetro del lugar es
inmenso, unos 25x25 kilómetros, Y además de ser una importante zona
arqueológica, también es una reserva ecológica. Yo nunca había oído hablar de las
ruinas, pero luego oí que películas como Stars Wars o Apocalypto se inspiraron
en estas pirámides. Cuando vimos el precio de la entrada nos quedamos sin saber qué hacer porque nos partía el presupuesto. Costaba 150 quetzales, que vienen a ser algo más de 15 euros. Tendríamos que hacer malabares para pasar los últimos días y llegar a la frontera. En Guatemala no funcionan los cajeros para los extranjeros, solo hay en contadas ciudades, por eso, quedarse sin dinero puede ser un gran problema. Estuvimos a punto de echarnos hacia atrás. Aún así se apiadaron de nosotros y nos hicieron una rebaja a 100 quetzales por persona.
Y realmente mereció la pena verlo. Aquello sí que es pura selva y te puedes hacer una idea real
de cómo es el medio natural sin la intervención humana. Y de cómo pudieron vivir y construir semejante civilización los mayas en un medio así, sin haber conocido el metal ni usado la rueda.
Se puede fácilmente ver
a los monos colgándose por encima de los árboles, aunque advierten que hay que tener cuidado con ellos, porque les gusta mostrarse lanzando objetos, orinando y defecando en las cabezas de los curiosos. ¡Qué lindos animalitos!
También vimos tucanes, colibríes, luciérnagas, lagartos de medio metro, algunos roedores gigantes y el animal que más respeto me causa por su frialdad, el cocodrilo. El
ejemplar apenas medía un metro, pero allí estaba, a la orilla de una laguna, en
su hábitat, esperando que alguien cometiera el error de acercarse demasiado. Me
quedé observándolo más de media hora. Él parecía que ni se inmutaba, aunque sus garras estaban bien tensas, preparadas para mi descuido. Luego pregunté a un empleado del parque y me dijo que en la
otra parte de la laguna, en zonas más pantanosas los había más grandes y hace años tuvieron
problemas porque algunos atacaron a la gente e incluso uno se comió a un
trabajador.
Al amanecer del día siguiente fui a buscarlos, pero no los encontré, casi mejor... Pero fue un momento mágico, todo el parque es para ti, apenas han llegado los turistas y si te paras en un sitio y te quedas en silencio puedes oír los miles de sonidos de la selva.

Después, en la madrugada del tercer día, bajo la lluvia, recogí y emprendí la última etapa del viaje
solo, con algunos alimentos y el dinero justo para llegar a la frontera sin que me engañasen, mojado
y maloliente, para ir a conocer las ruinas de Palenque en Chiapas. Ya en México
de nuevo.
Me fui con la sensación de no haber visto nada y de que Guatemala realmente es un país muy tranquilo y donde hay mucho que hacer. Eso sí, mejor no abrir el periódico, porque si no uno no saldría de su casa.
Me fui con la sensación de no haber visto nada y de que Guatemala realmente es un país muy tranquilo y donde hay mucho que hacer. Eso sí, mejor no abrir el periódico, porque si no uno no saldría de su casa.
Sergio, cómo te lo montas! Disfruta y sigue manteniéndonos informados, a mí ya me has picado para ir a Guatemala! :) Bs!
ResponderEliminarLupe