Qué pasa gente! Aquí dejo otro capítulo de mis vivencias
mexicanas, hoy toca hablar de mi nueva ciudad, Xalapa o Jalapa, donde su plato
típico y sus gentes son mundialmente conocidos como jalapeños.

¡Sí señores, Xalapa é galega! Todo está verde, el ambiente
es muy húmedo y por las noches el frío
te mete mano quieras o no. Además, una vez al día tenemos a nuestra invitada de
honor: la lluvia. Dicen que continuará así hasta que pase el invierno. Eso sí, las temperaturas son más altas y en un solo
día se puede disfrutar de un solecito picante primaveral y choparte como no
estés preparado. ¿Galicia tropical?
Bueno pues llegué aquí hace algo más de una semana y es extraño, pero se ha pasado rápidamente,
aunque tengo la sensación que llegué hace más tiempo. Y es que no he parado quieto. Nada más llegar
vino a recogerme Héctor (quien me alquila el cuarto) a la estación y solo me
dio tiempo a dejar las maletas en la casa. Ya me fui a verle jugar al basket y
luego a tomar chelitas, tequilas y a experimentar la noche Xalapeña. ¡Y no pinta nada mal!
De momento, todos los
mexicanos que me he ido encontrando son gente muy acogedora, no les cuesta nada
abrirte las puertas de sus vidas y de sus casas. En España nos enorgullecernos
de que somos los más cálidos de Europa, pero nos cuesta más que acá.

El otro día había quedado para ir al centro a tomar unas
cervezas por la noche y pensaba irme andando, pero mi compañero al final me
insistió en que cogiera un taxi. El centro queda como a 40 minutos desde mi
casa. Total, al final lo cogí…donde vas, haz lo que vieres. Es barato, pero si
cada vez que quiero salir tengo que coger uno, ejem, digo tomar, va a ser insostenible.

Yo vivo relativamente en el medio del mapa, pero estoy lejos
de todo. Aunque la zona es bien
tranquila, es como si estuviese en un pueblo. A
las 6 de la mañana canta el gallo, a las 8 los perros y si no madrugas ya te
despiertan los vendedores vendiendo castañas, tortillas o tamales, que aún no
los probé. Me recuerdan a los vendedores de colchones directos de fábrica de mi
pueblo jaja.

Ah! Se me olvidaba, cómo no hablar del picante! Pues en
México no toda la comida es picante, aunque si quieres llorar también lo tienes
fácil. Los primeros días empecé emocionado y
me tomaba las cosas con mucho picante hasta que me enchilé, lloré
y me
ardieron la boca y el estómago durante unas horitas! Resulta que fui a dar con la salsa más
picante de todas, hay unos chiles amarillos que son brutales, pues bien yo, ni
corto ni perezoso, le eché a todo el plato y luego me lo comí enterito. Así que
ahora me lo estoy tomando con más calma, pero no todo es picante y los chiles
suavecitos tienen buen sabor. Y es que es para flipar la cantidad de chiles
diferentes que hay, hay hasta secciones de chiles en los mercados!

Y bueno no todo es diversión, que no vine acá de turismo,
aunque lo parezca, la próxima ya os cuento como es la universidad, que está en
lo alto de una colina y es megapija, o fresita, como dicen aquí, cosa que
demuestra que México es un país de contrastes, donde hay mucha pobreza, pero
también muchos adinerados. Entre los dos queda una clase media que va creciendo
poco a poco, fruto de una economía emergente, justo al contrario que allá.
Besos!!
Qué bonito lo de 'fresita'. Tan descriptivo. Se agradecen tus reportajes, Sergio.
ResponderEliminarSi se agradecen mucho! Disfruta como hasta ahora de todo y cuidate :-D
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